¿Conoces tu huella de carbono al ir a trabajar?

El 19 de abril pasado se celebró en todo el mundo el Día de la Bicicleta, y es muy probable que, si no eres ya del grupo que usa este medio de transporte, te lo hayas empezado a plantear como opción más que viable. En una buena parte de países europeos, como es el caso de Dinamarca, Holanda, Alemania o Francia, así como en países asiáticos tan relevantes como China, sus habitantes contemplan la bicicleta urbana como un medio de transporte muy común. Esto ha venido determinado porque en buena parte de las principales ciudades han empezado a contar con carril-bici, lo que facilita su uso. Se calcula, de hecho, que 800 millones de bicicletas se ponen en movimiento a diario en el mundo, lo que supone muchas ventajas para la persona que la emplea y también para el medio ambiente.

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Porque... ¿te has planteado el CO2 que supone el emplear un vehículo para ir todos los días al trabajo y volver?

Desde la Dirección General de Tráfico (DGT) han querido responder a esta pregunta y los resultados son más que llamativos. Uno de los vehículos más usados es el coche. De hecho, se les atribuye gran parte de los problemas de contaminación existentes en grandes ciudades, como es el caso de Madrid. Hasta tal punto se ha llegado que se ha llegado a poner sobre la mesa la posible restricción en el centro de la ciudad para estos vehículos, y son ya muchas zonas las que han quedado solo para el ámbito peatonal.

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Los coches con gasolina suponen 340 kilos de CO2 al año y esto trae consigo, además, un coste de 730 euros que serviría para contrarrestar los efectos de este gas nocivo. Por su parte, los coches a diésel tampoco distan tanto. Ellos conllevan 315 kilos de CO2 de forma anual y un gasto de 684 euros.

En las grandes urbes, tratando de evitar el tráfico con el que siempre se cuenta y que conlleva una importante pérdida de tiempo, son muchos los que optan por las dos ruedas, pero las motocicletas tampoco son la solución perfecta. Se calcula que suponen 177 kilos de CO2, de acuerdo al mismo informe de la DGT.

Ante esta situación, una buena parte de la población opta por los medios de transporte públicos como alternativa para poder llegar a su trabajo. Por un lado, existe una limitación clara ya que, depende de donde se trabaje, habrá o no un medio de transporte adecuado que deje, más o menos, cerca del punto de destino. Por otro, hay que estar atentos a los horarios para no desperdiciar demasiado tiempo y suponer que en trabajos con horarios especiales (como pueden ser los nocturnos) también estarán presentes. Como es lógico, resultan más beneficiosos que los comentados anteriormente pero, aún así, suponen una contaminación por CO2 nada desdeñable. En el caso de los autobuses, la contaminación por este gas asciende a 211 kilogramos al año. Si se opta por el metro o el tren, esa cifra cae hasta los 42 kilos anuales. Pese a que este último podría parecer una buena solución, no hay que olvidar que todos ellos supondrían un gasto anual de 2.249 euros para tratar de contrarrestar los efectos adversos del CO2, así como la necesidad de plantar casi 500 árboles en un año con el mismo objetivo.

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En la otra cara de la moneda se presentan las alternativas perfectas: las bicicletas y el ir a pie. Esto último queda un poco relegado salvo que el lugar de destino esté bastante cerca y se pueda acceder a él sin problemas. Pero la bicicleta urbana es ideal porque no supone ni una sola emisión de CO2, con lo que se puede usar sin problemas, todas las veces que se quiera y por tanta gente como sea necesario. Por tanto, no hay que calcular ningún coste ni número de árboles para tratar de contrarrestar los efectos nocivos de su uso porque, sencillamente, no los hay. Más bien al contrario. Emplear una bicicleta como medio de transporte no solo es bueno para el medio ambiente, también es una buena manera de hacer deporte y mantenerse sano, de eliminar el estrés, de evitar los atascos y, por supuesto, de ahorrar, lo que se notará cada final de mes.

Y la solución definitiva, para aquellos que piensen que lo de pedalear es demasiado engorroso o no es para ellos, pasa por las bicicletas eléctricas. Las mismas ventajas que las comentadas antes y sin tener que preocuparse por las cuestas que resulten más difíciles o por acabar más cansado de lo que toca. Además ahora en el mercado se puede encontrar un amplio catálogo, para todos los gustos, y a precios más que asequibles. Se sabe que quienes cuentan con este tipo de bicis las usan hasta tres veces más que aquellos que cuentan con las convencionales y, por supuesto, para distancias más largas.