Faustaball, ice cross downhill, sandboard y parahawking, entre los deportes más extraños del mundo

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(Foto: Wikimedia // Thermik 88 // CC BY-SA 3.0)

El mundo deportivo nunca deja de sorprendernos. En los últimos años hemos vivido una auténtica revolución de disciplinas deportivas que han dado un giro de 180 grados al panorama más tradicional marcado por deportes tan queridos en nuestro país como el fútbol, el baloncesto o la fórmula 1. Sin duda, la irrupción más llamativa en el mundo deportivo de la última década ha sido la de los conocidos como eSports o deportes electrónicos,  que un abrir y cerrar de ojos se han convertido en todo un motor de la industria deportiva. En España son muchas las empresas que cuentan con un equipo en esta disciplina como es el caso de Movistar, que tiene un club propio formado por jugadores a nivel profesional: Movistar Riders. El auge de esta disciplina tan del siglo XXI ha modificado gran parte de las estructuras que conforman el entramado deportivo adyacente como pueden ser las apuestas deportivas. Y es que en la actualidad casas de apuestas como BetStars ya permiten a sus usuarios apostar en las diversas competiciones de videojuegos como League of Legends o Counter-Strike: Global Offensive del mismo modo que si de un partido de fútbol se tratase.

Con todo, son muchos los que todavía ven esto de los deportes electrónicos como algo extraño y muy alejado de la concepción popular que tenemos de la práctica deportiva. ¿Jugar frente a una pantalla durante horas y sentado es hacer deporte? Los más escépticos lo ponen en duda. Sin embargo, es interesante echar un vistazo a algunas de las disciplinas deportivas que existen en la actualidad para darse cuenta de que los eSports se posicionan como una de las más normales del mundo en comparación con deportes como el faustball, el ice cross downhill, el sandboard o el parahawking.

El primero de ellos, el faustaball, tiene su origen en la Antigua Roma y en la actualidad cuenta con cientos de adeptos alrededor de todo el planeta. Su esencia es muy similar a la del voleibol ya que la idea es pasar la pelota con la que se juega por encima de una red que cuenta con dos metros de altura y que separa ambos campos. Cada equipo cuenta con 5 jugadores que pueden golpear el esférico con las manos y los brazos pero a diferencia de lo que ocurre en el voleibol, en el faustaball el balón puede botar hasta tres veces por jugada, una entre cada pase. Por otra parte, los jugadores solo pueden participar una única vez en cada jugada. En la actualidad esta disciplina deportiva está incluida en los Juegos Mundiales siendo Alemania, Austria y Brasil las tres grandes potencias de este deporte.

Más sencillo, al menos en apariencia, parece el ice cross downhill, también reconocido como el deporte más rápido del planeta. Los participantes de este peculiar deporte se lanzan por una pista helada a más de 50 kilómetros por hora en un descenso veloz y muy peligroso plagado de curvas cerradas, saltos y caídas verticales. Ataviados con una indumentaria muy similar a la que llevan los jugadores de hockey, el objetivo de los participantes que se atreven con el ice cross downhill es llegar en primera posición a la línea de meta. Las reglas de este deporte extremo son sencillas: no golpear a ningún contrincante a propósito y llegar lo más entero posible al final del recorrido.

Si el faustaball es muy similar al voleibol, el sandboard lo es al snowboard. De hecho, es prácticamente el mismo deporte solo que cambiando la nieve por dunas de arena. Su origen se sitúa en Brasil y puede practicarse de dos modos: o bien de pie sobre la tabla, como en el snow o el surf, o acostado sobre ella. Esta disciplina deportiva se posiciona como una alternativa de lo más llamativa para los amantes tanto del surf como del snowboard que por motivos climatológicos no pueden practicar estos deportes. En España este deporte puede practicarse en diferentes puntos de Almería, Gran Canaria y Alicante.

El último de la lista, y también el de aparición más tardía, es el parahawking. Esta disciplina deportiva surgió en 2001 en Nepal y combina el arte de la cetrería con el parapente. La idea es que el piloto del parapente siga a las aves, que son entrenadas para relacionarse con ellos, con el objetivo de ahorrar energía. Durante el planeo, el piloto irá recompensando al animal con pequeños trozos de carne. En la actualidad este extraño deporte que establece una simbiosis entre el reino animal y el ser humano se posiciona como una de las atracciones turísticas más populares de Nepal y cuenta con una finalidad benéfica: ayudar a la salvación del buitre asiático.