miércoles 26.02.2020
VIVENCIAS OLÍMPICAS

La última medalla olímpica en atletismo

El ex-saltador de longitud Joan Lino Martínez evoca para TribunaOlímpica cómo consiguió la medalla de bronce en Atenas, en su única participación en unos Juegos.

Yo nací en Cuba, y el deporte se vive allí de manera diferente a España, está en el ADN de cada cubano. Por desgracia, como cubano no pude vivir la experiencia de participar en unos Juegos, pero España me dio esa oportunidad. Los días previos se mezclaron con la incertidumbre de la nacionalidad; por suerte unas semanas antes la obtuve. Desde ese momento ya empecé a vivir de verdad los Juegos. 

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(Foto: RFEA)

La medalla es el resultado de muchos años de trabajo; en mi caso, los costes de la medalla fueron por mi cuenta: masajes, viajes, preparación... Todo el trabajo de los meses antes de la competición salió de mis ahorros personales, ya que en esa época no era español.

Había sido medalla de oro en los Iberoamericanos de Huelva. Había hecho todo lo que tenía que hacer para llegar lo mejor posible a los Juegos. 

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(Foto: Eduardo L. Gómez/Facebook de Joan Lino Martínez)

Fui a Atenas "como niño con zapatos nuevos". Tenía la sensación de que todos me miraban, una doble presión para mí. Pero también con la tranquilidad del trabajo bien realizado. La verdad que lo vives como si fuera una competición más, porque, si lo piensas de verdad, no duermes... jajaja!!!

No había que hacer mucha adaptación a Atenas, aunque el calor era tremendo. La suerte de no tener que cambiar de continente me ayudó mucho.

Los atletas pocas veces tenemos la oportunidad de vivir la ceremonia de inauguración; el atletismo es la segunda semana de competición, y en este caso me pilló en España.

Recuerdo que la competición se me hizo muy larga, porque fue en tres días: la clasificación, un día de descanso y la final. La clasificación fue perfecta, salió a pedir de boca para mí; un solo salto de 8,10 m. me hizo ser de los primeros en irme a descansar; en cada grupo había más de veinte saltadores, por lo que un segundo o tercer intento hubiera supuesto más de dos horas de competición.  

Recuerdo que en la final estaba muy cansado en el calentamiento; me pasaron factura los nervios de la competición, pero por suerte me recuperé a tiempo. Recuerdo hablar con mi entrenador y comentarle la situación, y me dijo: "Al suelo, y descansa".

En el segundo salto de la final hice... ¡8'32 m!. Oro fue Dwight Phillips, con 8'59 m., y plata fue John Moffitt con 8'47 m.

El significado de la medalla es enorme, le das mucho valor, y más con el paso del tiempo. Un amigo me dijo en 2004 que sería difícil valorar lo que había conseguido en ese momento. Doce después soy el último medallista olímpico en atletismo. ¡Espero que en Rio me quiten ese mérito!

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(Foto: RFEA)

No ir a Pekín fue un golpe en mi carrera deportiva; la idea de perderme esos Juegos no pasaba por mi cabeza, los había preparado mejor que Atenas, pero las lesiones en el deporte están a la orden del día, son parte del oficio. Lo pase mal varios días. Dos años después seguía arrastrando lesiones y molestias, y tome la decisión de retirarme.

Espero que algún día el ser humano salte por encima de los 9 metros. ¡Y que yo lo vea!. Será el récord del mundo más valorado de la historia. Saltar más de 8 metros ya es difícil, los 9 es como superar la barrera del sonido. 

La última medalla olímpica en atletismo
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