Emperatriz del badminton

Carolina Marín confirmó su condición de favorita y conquistó el oro en badminton. La onubense es una pionera, y su hazaña -ser la primera jugadora no asiática campeona olímpica-, obliga a autoridades, instituciones y empresas a replantear de una vez por todas la situación de los deportes minoritarios.

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(Foto: COE)

Nada más lograr el punto de la victoria, Carolina Marín se dejó caer al estilo de su ídolo Rafa Nadal, y, oculto su rostro sobre la pista, comenzó a llorar. Fernando Rivas, su entrenador, se acercó para compartir el momento más feliz de su vida. Luego, la mejor jugadora del mundo se enfundó la bandera española y repitió el ritual de los campeones. Saludo, agradecimiento al público por el apoyo, recorrido cerca de las gradas y salida como campeona olímpica. Y enseguida, el tiempo justo de enfundarse el chándal de premiación, directa al podio. La gloria le esperaba en lo más alto, ante decenas de fotógrafos internacionales y la admiración de medio mundo. 

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Sonó el himno, se elevó la bandera, y Carolina volvió a llorar de emoción.

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La final tuvo una atmósfera vibrante. En las gradas, batalla de gritos entre los espectadores españoles y los indios. Cada tanto, celebrado como una victoria. Cada fallo de la rival, jaleado también. Acaso comparable a los partidos de Brasil (voley-playa, tenis) o de Argentina (Del Potro).

También vibrante en la pista. Carolina había ganado a la india varias veces, pero la finalista iba a vender cara la victoria. Porque la india no era una cualquiera. Aunque no está en el top-3 del ranking, había eliminado a la japonesa Okuhara. Su fortaleza atacante le dio la victoria en el primer set. El primero que cedía la onubense.

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En el descanso llegó ese momento que define un partido. El momento de la épica. Mientras la jugadora recupera, Fernando Rivas, su entrenador, evoca a aquella niña de catorce años que quería ser campeona olímpica. El recuerdo de aquella aspiración, el sueño de ser la mejor del mundo en un deporte tan poco extendido en España como es el badminton, la enchufó. Fue el revulsivo. En el segundo set, salió ese espíritu al que apelaba su entrenador y se lo apuntó. La primera mitad del tercer set fue muy igualado (10-10). El 14-10 encarriló la final. Consciente de ello, en el 15-.11 sacó la rabia, gritó fuerte e hizo el típico gesto de Nadal con su puño derecho. La india siempre dio la cara. 17-14 Se escuchaba ¡Carolina Carolina! y ¡España, España! en el pabellón 4 de Riocentro. El público lo veía cerca. Estaba en lo cierto. La onubense arrolló a su rival. Incontestable. Resultado final: 19-21, 21-12 , 21-15.

Carolina había venido a por el oro y no se iba a marchar sin él. Es una pionera del deporte español, como lo fueron en su momento Seve Ballesteros, Ángel Nieto o Manolo Santana. Campeona olímpica, a pesar de la falta de apoyo firme de grandes empresas españolas (salvo la UCAM y la frustrada experiencia con Carbonell). Desde hace cuatro años, la inversión en deporte femenino tiene recompensas. Y aún así, Carolina ha hecho este viaje menos acompañada de lo que merece.

"Es el día más feliz de mi vida"

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(Foto: COE)

Carolina se lleva el oro que vino a buscar a Rio. Ya tiene la triple corona (campeona de Europa, del mundo, olímpica). Pero esto no ha hecho más que empezar. Ahora solo falta que no sea la única. Detrás de Santana, Nieto o Ballesteros vinieron muchos otros, que han dado gloria al deporte español.