Una medalla de oro para Ane

Maialen Chourraut es la nueva campeona olímpica de piragüismo, en la modalidad de eslalon K-1. La palista guipuzcoana es la primera deportista española que logra una medalla olímpica habiendo sido madre.

Ha sido un ciclo olímpico muy especial para Maialen Chourraut. Tras la medalla de bronce en Londres'12, afrontó un doble reto: por un lado, tratar de repetir el éxito en Rio, y a ser posible mejorarlo. Por otro, ser madre. En 2013, el año post olímpico que muchas deportistas del mundo entero aprovecharon para cumplir el sueño de la maternidad, nació Ane

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(Foto: Twitter de Maialen Chourraut)

Maialen piensa que la experiencia de la maternidad ha sido un aliciente más, a la hora de soñar con un metal: "La maternidad no debe acabar con la carrera de una deportista de élite. Yo pude entrenar hasta dos días antes del parto", ha dicho muchas veces en estos años. 

Dos días antes de dar a luz, estaba entrenando. Y apenas un par de meses después , de nuevo a la piragua. Pero clasificarse para Rio fue fácil. Le costó recuperar la forma. No terminaba de encontrar las sensaciones. En una entrevista en El Mundo reconoció que "el desgaste físico de la lactancia es importante. Por decirlo así, el cuerpo está más centrado en criar que en remar; le das al bebé toda tu energía. Hubo momentos frustrantes porque no conseguía llegar, regresar a mis niveles anteriores, pero, en cuanto lo dejé, me puse fuerte enseguida"Cuando dejó el periodo de lactancia, reapareció la deportista que proporcionó a la modalidad de aguas bravas el primer metal olímpico de la historia.

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(Foto: COE)

La guipuzcoana -que había decidido no residir en la Villa Olímpica para estar cerca del escenario de la competición y para poder estar con su hija- tenía muy estudiado el canal del Whitewater Stadium, en el Parque Radical de Deodoro. Aún así, sufrió en las series preliminares. Se saltó la complicada puerta 20 en la primera manga, y se vio fuera. En la segunda manga reaccionó, mejoró y se clasificó undécima. Estaba en semifinales.

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(Foto: COE)

En la semifinal cambió el recorrido, fue otra competición. La española cumplió, con el tercer mejor tiempo (101.83), tan solo superada por la austríaca Corinna Kuhnle (101.54) y la británica Fiona Pennie (101.81). En la grada, como siempre que compite o entrena, estaba su hija acompañada de Raquel, su cuidadora. A su lado, Iñaki y Chelo, los padres de la palista. Con confianza, pero con la incertidumbre propia de quien sabe que en piragüismo no se puede cantar victoria hasta el final. Que pasar limpiamente las puertas o pensalizar por un toque es cuestión de centímetros. Que tan importante como el acierto o el fallo propio es el acierto o el falo de las rivales.  

En la gran final, la española realiza una bajada extraordinaria, sin fallos y con un tiempo estratosférico (98.65), superando a la neozelandesa Luuka Jones (101.82) y a la australiana Jessica Fox (102.49). De todas las finalistas, solo ella y la australiana terminan sin penalizaciones. Al poco de cruzar la meta, mira a su marido y entrenador, con el nerviosismo de quien sabe que, con toda seguridad, va a ser medalla, al menos de plata.

Instantes después, y antes de que su última rival finalice, ya sabe que es oro. Xabi se lanza al canal y se funden en un beso. El siguiente beso es para Ane, al bajarse del kayak. Mamá es campeona olímpica, la mejor del mundo en su especialidad.  

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(Foto: COE)

La medalla es para ella, y para toda la familia.

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(Foto: COE)