Mireia Belmonte, la carrera de su vida

La medalla de oro conquistada por Mireia Belmonte en los 200 metros mariposa la coloca como mascarón de proa del deporte español, tomando el testigo de Pau Gasol y Rafa Nadal.

Todas las medallas de oro valen lo mismo, pero no tienen el mismo valor en la historia del olimpismo. La natación, el atletismo y la gimnasia son los deportes que ocupan lugar preferente en el programa, y sus estrellas SON las estrellas de los Juegos. Sus récords, sus proezas, sus colecciones de medallas, construyen la leyenda olímpica. Así ha sido siempre. Mireia Belmonte ya ocupa un lugar en ese Olimpo de elegidos.

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(Foto: COE)

Ganó la final de los 200 mariposa -la prueba que había preparado durante cuatro años- a la australiana Madelina Groves por solo tres centésimas. Una unidad de tiempo minúscula, pero que separa a los elegidos del resto. Y Mireia es una elegida, Por eso no pudo reprimir sus emociones cuando tocó el muro y se vio campeona.

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(Foto: COE)

En la historia de la natación olímpica española solo figuraba un oro (Martín López-Zubero en Barcelona'92) y tres bronces (David López Zubero en Moscú'80, Sergi López en Seúl'88, Nina Zhivanevskaya en Sydney'00), además de las dos platas de Mireia Belmonte y las cuatro de sincronizada. Veinticuatro años sin sonar el himno nacional en una piscina. La estadística da una idea de lo importante que es la medalla lograda por la badalonesa en el Centro Acuático María Lenk de Rio.

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Han sido cuatro años de entrenamiento de esta modalidad, y un año de preparación específica de la final. Mireia ha fortalecido su cuerpo y su mente, hasta convertirla en una voraz competidora capaz de disputar seis modalidades de la natación olímpica. Tenía la carrera en la cabeza, había memorizado cada mero, mecanizado cada giro. Tenía que aguantar los primeros cien metros, y dar el zarpazo después. Pasó, al fin, primera en el 150, y solo le quedaba resistir el ataque de sus rivales en los últimos metros. Esa fortaleza mental fue decisiva para no venirse abajo en el momento de la verdad, cuando la australiana, su máxima rival por el oro, aceleró su ritmo. Y aguantó. De manera agónica, pero aguantó. 

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(Foto: COE)

Mireia hizo la carrera de su vida. La carrera tantas y tantas veces imaginada, soñada. La emoción contenida de su entrenador, Fred Vergnoux, y las lágrimas de su fisioterapeuta, Mónica Solana, dan una idea de lo que significa esta medalla, un merecido premio al duro trabajo de todo el equipo. La recompensa que la nadadora lleva persiguiendo toda su vida. "Solo puedo dar las gracias a mi familia, a mi entrenador, a toda la gente que está conmigo cada día, es parte de todos. Estar en unos Juegos ya supone mucho trabajo y ganar la medalla de oro es lo máximo que se puede conseguir. Todavía no me lo creo, estoy en estado de shock", dijo nada más ganar el oro; "es la recompensa a toda mi vida porque mi vida es nadar".

Mireia Belmonte es la primera nadadora española campeona olímpica, y la que más medallas ha logrado. Su monumental éxito es una inyección de ánimo para la deprimida delegación española y la coloca, por méritos propios, como estandarte del deporte de nuestro país, como heredera de Pau Gasol y Rafa Nadal. Tiene España a sus pies, y el futuro asegurado.