Rafa y Mireia sostienen el deporte español en Rio

Hasta hoy, quinto día de competición, Rio'16 es, para los dirigentes y los periodistas aquí acreditados, el "día de la marmota" de Londres'12. No se arrancó bien en la capital británica hace cuatro años. Los Juegos empezaron el 27 de julio. La primera medalla fue el 1 de agosto (Mireia Belmonte, plata en 200m mariposa). La siguiente, el día 2 (Maialen Chourraut (bronce en piragüismo eslalon, K1). El 3 de agosto, la nadadora de Badalona conseguía otra plata en 800m libres, pero hubo que esperar ¡hasta el día 7! para ver a algún deportista español en el podio. Crecía la preocupación en la delegación española, temerosa de un descomunal fracaso que les dejase demasiado expuestos a las críticas de los medios de comunicación. A partir de aquel día (oro de Marina Alabau en vela, plata de Ona Carbonell y Andrea Fuentes en natación sincronizada y de Javier Gómez Noya en triatlón), el presidente del COE, Alejandro Blanco, el Secretario de Estado para el Deporte, Miguel Cardenal, y el resto de dirigentes deportivos, que andaban preocupados y con cara de circunstancias, respiraron más tranquilos.   

En esta edición olímpica tampoco se ha arrancado con buen pie. Parecía asequible repetir e incluso superar las diecisiete medallas de Londres (3 oros, 10 platas y 7 bronces). Del moderado optimismo se ha pasado, de nuevo, a la preocupación. Aún queda mucha competición, pero, de momento, se acumulaban las decepciones. El #TeamESP arrrastra ya unos cuantos sinsabores. El primero en ciclismo. Siempre se sobrevaloran las opciones de Alejandro Valverde, y esta vez también falló. El quinto puesto de Joaquim Rodríguez es un consuelo que, además, redondea una admirable trayectoria como ciclista, pero desde luego sabe a poco.

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(Fotos: COE)

En los pronósticos de medalla también estaba el equipo de tiro. Pero todos fallaron, incluido Alberto Fernández, que llegaba con la vitola de campeón del mundo de trap. Fracaso sin paliativos, salvo Fátima Gálvez, que mantuvo el tipo y las opciones de medalla hasta el último plato del shoot-off por la medalla de bronce en trap. En el momento crucial, probablemente el más importante de su trayectoria deportiva, tocando el metal con la punta de los dedos, erró el tiro. Medalla de chocolate, que no gusta a nadie, por mucho que se insista en lo contrario.

Tampoco Ray Zapata estuvo a la altura. 

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El equipo de baloncesto está metido en un lío mayúsculo, tras sus dos derrotas frente a Croacia y Brasil. Todavía hay un largo camino por recorrer, pero las sensaciones no son nada buenas. Es el ocaso de una generación irrepetible.

También se ha hundido parte de la flota de la "armada española" de tenis. Eliminada antes de lo previsto Garbiñe Muguruza, candidata a medalla, además de David Ferrer, Carla Suárez, Anabel Medina-Arancha-Parra... 

La, hasta ahora, única opción de medalla, el boxeador Samuel Carmona, también se ha quedado a las puertas del bronce. Igual que Ander Elósegi, que llegó a la final de su especialidad con el segundo mejor tiempo y naufragó en el canal olímpico. Octavo.

Entre las pocas alegrías de estos días, el diploma de Joan Lluis Pons, que logró entrar en la final de 400m estilos.

Los equipos de waterpolo masculino y femenino y balonmano femenino alternan victorias y derrotas. De momento, están en competición, con las esperanzas intactas.

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En el lado opuesto están Rafa Nadal y Mireia Belmonte. El mallorquín -que viene a Rio a por todas- sigue firme en los cuadros individual y dobles, y también juega el mixto con Garbiñe Muguruza. Despejado el camino hacia el podio en el cuadro individual (pocos rivales de nivel, salvo Andy Murray y Kei Nishikori), es candidato a medalla. De momento, su maltrecha muñeca aguanta. 

Por su parte, la badalonesa asumió el reto de nadar seis pruebas. Se ha colgado ya un bronce y va a por otro metal en los 200m mariposa, su especialidad.

Pronto entrarán en acción Carolina Marín, Lidia Valentín, Eval Calvo, Joel González, Mario Mola, Miguel Ángel López, Ruth Beitia... En ellos están depositadas las esperanzas de España. Pero, como en Londres, habrá que esperar.