¡Vamos, leonas!

Un grupo de familiares ha acompañado a las jugadoras de la selección de rugby 7 en Rio de Janeiro, en su primera participación en unos Juegos. Tribuna Olímpica ha estado con ellos.

Tienen entradas en la zona alta de la grada, desde donde disfrutan de una estupenda perspectiva del estadio de Deodoro. Allí han colocado banderas de España, de Euskadi, de Extremadura y una pancarta de apoyo a las leonas, cuyo rugido -en forma de visibilidad mediática- se ha escuchado bien fuerte en España antes y después de la clasificación para los Juegos. La actividad en redes sociales de jugadoras como Patricia García -que desarrolla proyectos personales que conectan los calores del rugby con la sociedad- han hecho mucho para promocionar esta modalidad que se ha estrenado en Rio.

Está a punto de empezar el penúltimo partido del torneo, contra Francia. Aguarda el pitido inicial un grupo de padres, que han viajado desde España para acompañar a sus hijas a lo largo de una semana y media que difícilmente olvidarán. No están nerviosos. El gran sueño era estar en Rio, y se consiguió. Lo que viniera después, bienvenido era.

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(Fotos: Fernando Olmeda)

Joseba es el padre de Iera Echebarría. "Hemos venido cada uno a nuestro aire, quizá habría sido mejor organizarlo de otra manera, pero bueno, aquí estamos, disfrutando", dice este trabajador de Telefónica, que solo permanecerá cinco noches en la cidade maravilhosa, lo justo para ver jugar a su hija. Su esposa, Alicia, dice que estar en las gradas de Deodoro es emocionante. Solo ellos saben lo que significa el rugby para su hija. "Era base de baloncesto, decidió cambiar de deporte, y ahora todo su entorno, sus amigos, su vida, es el rugby", dice Joseba, sentado junto a los padres de María Ribera.

En casa de Carles Pla se respira rugby. Es el padre de Bárbara y Pol, ambos olímpicos en Rio. Desde hace unos años, el oval centra muchas de las conversaciones domésticas: "Es normal, son ya muchos años compartiendo con nuestros hijos esta afición, aunque cuando empezaron no podíamos ni imaginar que algún día serían olímpicos". Llegaron el 27 de julio, estuvieron en Rio e Ilha Grande haciendo turismo, y se irán el día 12, cuando acaben los torneos. "Un poco caro nos ha salido el viaje, pero merece la penas, es una vez en la vida", señala.

No han necesitado hotel los padres de Patricia García. Su padre, Miguel, trabajó cuatro años para Petrobras y disponían de la casa de unos amigos: "Está siendo un viaje muy completo, recordando el tiempo que estuvimos viviendo aquí. Llegamos el 23 y nos quedaremos hasta el 12. Hemos hecho una escapada a Iguazú, pero sobre todo, hemos venido a ver rugby"

Lara Medín voló desde Guatemala, donde trabaja en "Arquitectura sin Fronteras", para estar al lado de su hermana: "Como se clasificaron a última hora, ha sido todo muy rápido. Buscar el billete, el alojamiento... Estoy disfrutando, aunque esta instalación de Deodoro, que parece grande, no es nada comparado con el Parque Olímpico". Recuerda que Paula se inició en el rugby con 17 años, cuando estaba en la Universidad, y se enganchó: "Verla aquí en unos Juegos Olímpicos es emocionante, la verdad". Como el resto, apenas ha hecho otra cosa que desplazarse a Deodoro, en su caso desde el barrio de Lapa: "Aunque perdimos, tuve la suerte de ver el partido de baloncesto de España con Croacia; pero poco más". Tampoco ha sentido ningún tipo de inseguridad. El zika, ni mencionarlo.

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No solo hay padres en las gradas. Del grupo también forma parte Isabel Rodriguez, capitana de las selecciones de rugby 15 y 7 durante doce años. Sigue jugando, pero en la selección da paso a jugadoras más jóvenes. Ha hecho el mismo viaje que los padres de Bárbara: "He visto Rio algo caótico, sobre todo en organización y transportes, y los voluntarios, que te dan informaciones erróneas o contradictorias". Sobre el rendimiento del equipo en el torneo olímpico, lo tiene claro: "No han encontrado su juego, quizá la presión ambiental, la Villa, lo que sea, pero son capaces de más, como han demostrado"

Haciendo sonar una trompeta para acompañar los gritos de ¡ES-PA-ÑA! está Guillermo Molina, jugador del Cisneros y pareja de Marina Bravo: "Tengo une envidia muy grande, sana desde luego, por no estar ahí en el césped. Pero tanto las chicas como los chicos merecen estar aquí en los Juegos El ambiente es fantástico, se vive el deporte, me lo estoy pasando fenomenal, a ver si los chicos dan la sorpresa". Llegó a Rio el mismo día de la inauguración de los Juegos, por un cambio de vuelo, y se aloja en casa de unos conocidos en Isla del Gobernador: "Un poco lejos, pero merece la pena. Me he movido en autobús, Metro y BRT, y todo funciona bien, hay militares por todas partes, no hay sensación de inseguridad. Eso sí, un poco caótico, por la gente y porque no todo el mundo habla inglés".

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Sentadp en el extremo de la fila está el presidente de la Federación, Alfonso Feijóo: "Cualquier padre o madre está orgulloso de tener un hijo o una hija deportista de alto nivel. , Viajando con ellos y ellas demuestran que les apoyan en el deporte al que dedican tanto tiempo. Las chicas, en este caso, se sienten respaldadas, viajan mucho y  muy lejos, y con las familias cerca logran ese equilibrio que no sería fácil de lograr de otra manera". Habla con conocimiento de causa porque, además de exseleccionador y exjugador, es el padre de Pablo Feijóo, internacional absoluto y presente también en Rio.

Se le nota satisfecho por lo que está ocurriendo en los últimos meses: "Es el premio a mucho trabajo, sabíamos que el deporte tenía un potencial fuerte y ha explotado en acontecimientos como la Final de la Copa del Rey en Valladolid y, por supuesto, la clasificación en los preolimpicos de Mónaco y Dublin. Ha sido un años espectacular".  

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Considera que la inclusión en el programa olímpico es fundamental por su visibilidad: "Para los países intermedios es una explosión, porque el rugby 7 es un juego espectacular, que entiende todo el mundo, frente al tradicional a 15, que tienes que saberte las reglas. Incluso a veces ni yo mismo sé que ha pitado el árbitro. Además, los torneos son verdaderas fiestas de fin de semana". Y de cara al futuro, una mirada con luces y sombras: "El rugby está muy sano, la capacidad de desarrollo de los clubes -que están ampliando la base- y el crecimiento de las fichas está siendo espectacular, pero hay dos asignaturas pendientes: las instalaciones y la mejora del nivel de nuestros entrenadores".

Se generaron buenas expectativas, pero el equipo no ha estado a la altura. El balance no ha sido bueno, reconoce: "El objetivo era el diploma y lo hemos conseguido, pero el juego no ha sido nada vistoso ni efectivo. Han estado con muchos nervios, y es incomprensible porque son jugadoras con experiencia, que disputan las series mundiales. A veces salen las cosas, a veces no todo lo bien que quisiéramos".

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Pita la árbitro el final del partido. Los familiares no se inmutan. Están acostumbrados a marcadores abultados, frecuentes en este deporte. Sus hijas, que han jugado de amarillo, les saludan desde el césped, antes de irse a los vestuarios.

(* España se clasificó séptima, tras ganar 21-0 a Fiji en el último partido del torneo. Australia fue medalla de oro)